La mujer de Dios está siempre al control. No importa qué ocupada esté, ella siempre tiene tiempo para todo. No son muchas las mujeres que pueden lidiar con un estilo de vida agitado. ¡O trabajan mucho y terminan el día con un aspecto horrible, o se mantienen lindas sin conseguir organizar sus tareas! Y ese es un gran error, pues ¿cómo Dios podrá prosperar las obras de sus manos si estas no existen? Tiene que haber un  equilibrio. Eso es esencial en todas las áreas de la vida espiritual, económica, sentimental, familiar, etc.
            Todo se vuelve un caos y la persona termina perdiendo el control de la propia vida. Sin embargo, la mujer de Dios está siempre al control. No importa qué ocupada esté, ella siempre tiene tiempo para Dios, para sí misma, para la familia y para el trabajo. Cuando Él creó el mundo, no lo hizo de la noche a la mañana, ni gastó más tiempo que el necesario para ejecutar el trabajo. Él hizo todo en el debido tiempo y aún descansó. Dios designó un tiempo para Su descanso. ¿Y qué decir de nosotras? Todo lo que Él creó era bueno y perfecto. Nada quedó incompleto o mal hecho por haber sido hecho de prisa. Como Sus hijas, debemos hacer lo mismo en nuestras vidas. Todo lo que hagamos debe ser bueno y perfecto. Nada debe hacerse de prisa, de manera que, al mirar hacia atrás, lleguemos a la triste conclusión de que lo podríamos haber hecho mejor.
             Eso incluye nuestra relación con Dios, nuestra salud, nuestro matrimonio, la crianza de nuestros hijos, el cuidado de nuestra casa y nuestro trabajo. Nuestra relación con Dios está muchas veces perjudicada por el exceso de trabajo, que nos impide ir a la iglesia, leer la Biblia, incluso orar.
            Muchas mujeres piensan que pueden mantener una relación estable con Dios sólo manteniéndose lejos del pecado ¡y ésta es una de las trampas favoritas  del diablo contra las cristianas! Cuanto menos vaya a la iglesia, menos va a querer ir. Más tarde, terminará usando aquel poco tiempo que acostumbraba dedicar a Dios para hacer otras cosas, y no tendrá más tiempo para ir a la iglesia. ¡No es de asombrar que haya tantas cristianas derrotadas hoy en día! Piensan que no necesitan luchar más, o no hacer cadenas de oración... ¡Qué infelices! Sra. Esther Macedo

"Organizando los tiempos"