"...Nó solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios..."

Muchas verdades con respecto a la fe aún están escondidas para el pueblo de Dios. Creo que esa es la razón por la que mucha gente se ha decepcionado con la propia fe. Fíjese. ¿Cuántas veces hemos sido ilusionados por una fe que realmente no existe?
La mayoría de las veces, simplemente creemos en lo que nuestros ojos están viendo, o sea, la Palabra de Dios. Creemos en ella de todo corazón. Podemos ver, a través de la imaginación, los hechos magníficos de Dios. Sin embargo, existe una gran diferencia entre creer en los milagros realizados que registran la Sagrada Biblia y estar seguros de que se repetirán hoy.
Dios es el mismo y los problemas también, sin embargo, las personas del pasado eran diferentes en la manera de creer. ¡Tal vez la falta de grandes conocimientos los hizo más inocentes y mucho más puros para aceptar la Palabra , no sólo como una verdad, sino principalmente como un hecho consumado!
Muchos cristianos han memorizado algunos versículos de la Palabra de Dios, otros los han colgado en las paredes de sus casas o en el trabajo o los llevan en sus bolsos. Están absolutamente convencidos de aquellas verdades pero nada de lo que han creído ha sucedido en sus vidas. Es el caso de aquella criatura, tan sincera, que muchas veces confiesa: “El Señor es mi pastor, nada me faltará” (Salmo 23:1).
Pero le falta empleo, salud, ropa, en fin ¡le falta todo! ¿Por qué? ¿ La Palabra de Dios estará equivocada? ¿Se ha olvidado Dios de cumplir su promesa? ¡No! ¡El gran problema es que cree en todo lo que está escrito pero no tiene la más absoluta certeza de que hoy se cumpla en su vida! ¡Cuando cree y tiene seguridad de que las promesas de Dios son para ella, como lo fueron para los antepasados, entonces su actitud es de reivindicarlas de todo corazón hasta que se cumpla lo prometido! No queda esperando que algún día su vida cambie.
Nosotros nos hemos apoyado mucho en aquello que nuestra mente testifica con nuestro espíritu como una verdad, ¡y no como un hecho! Hoy no hemos visto muchos milagros, tampoco hemos logrado respuestas a nuestras oraciones, porque aún no hemos tomado posesión de la Palabra de Dios con plena certeza de fe. Simplemente creemos en ella, como creemos en cualquier otro libro de historias.
Creer en Dios es muy común y no implica una posición tomada, es sólo creer y nada más; de la misma manera también se podría no creer y ¡sería igual! Creer en Dios no es la garantía de la vida eterna, o de las bendiciones que conciernen a sus hijos, ¡no! Todas sus bendiciones vienen sólo a través de la fe, de la certeza de que Él cumplirá todo lo que nos ha prometido en su Palabra. La fe es la certeza de cosas que se esperan, no es la certeza de algo que es verdad.
Cuando alguien cree en algo es porque esta bien informado al respecto. El científico cree en una nueva fórmula pero mientras no realiza una prueba con la misma, esta no tendrá utilidad.
Creer no es nada sino sólo una teoría, mientras que estar seguro está más allá del hecho de creer en alguna cosa. Creer es bueno, ya que es el primer escalón para llegar al tope de la plena certeza. Mientras que creer es mera teoría, la certeza es el resultado real de aquello que se cree; es un hecho consumado, una acción práctica.
En el acto de creer no hay ninguna acción, mientras que en la certeza siempre hay una actitud, una acción en dirección de aquello en que se tiene convicción. Por esta razón hay resultados concretos capaces de mostrar la realidad de la fe.

Obispo Macedo

La Diferencia Entre Creer y Estar Seguro